Cuando vi ese pedazo plato de filetes con huevos fritos, se me cayó hasta la baba. Esa comida comparando con la mía era perfecta, y entonces fué cuando supe que debía hacer algo para poder comermelo. Llegó el repartidor de periódicos como de costumbre, y entonces fue cuando me vino una brillante idea. El siguiente día, esperé a que llegase otra vez el repartidor, y en cuanto dejó el periódico en casa, se lo llevé a mi dueña a mi puerta. Ella, ilusionada, me dejó entrar en casa, pero cuando le pedí un poco de comida de la suya, me dijo que no, y quiso meterme a la bañera. Yo, obviamente, salí corriendo. Odio bañarme y tener esa sensación de tocar el agua. Al llegar a la terraza, vi como mi dueña echaba el periódico a la basura, y me vino otra idea a la cabeza. Llegó el siguiente día, y no sabéis que ganas tenía de poder poner en práctica mi idea. Cogí el periódico del día anterior que estaba en la basura, y se lo llevé a la puerta. Ella, me dejó entrar y "sin querer" tiré toda la bañera al suelo. De repente, mientras que ella lo recogía, llegó el repartidor de periódicos y ella, fué a recogerlo. Mientras que ella estaba de camino, yo aprobeché para cerrar la puerta de la terraza. Llegó el momento, el momento tan esperado para mi... El pedazo plato de filetes con huevos fritos y yo, a solas, frente a frente... ¡Era mi momento! Fuí corriendo a donde ella y mientras mi dueña me miraba, me comí el plato entero en dos bocados. ¡Estaba para chuparse los dedos! Pero... ¡Yo creo que mi dueña no me va a dejar entrar en casa en mi vida!
Cuando vi ese pedazo plato de filetes con huevos fritos, se me cayó hasta la baba. Esa comida comparando con la mía era perfecta, y entonces fué cuando supe que debía hacer algo para poder comermelo. Llegó el repartidor de periódicos como de costumbre, y entonces fue cuando me vino una brillante idea.
ResponderEliminarEl siguiente día, esperé a que llegase otra vez el repartidor, y en cuanto dejó el periódico en casa, se lo llevé a mi dueña a mi puerta. Ella, ilusionada, me dejó entrar en casa, pero cuando le pedí un poco de comida de la suya, me dijo que no, y quiso meterme a la bañera. Yo, obviamente, salí corriendo. Odio bañarme y tener esa sensación de tocar el agua. Al llegar a la terraza, vi como mi dueña echaba el periódico a la basura, y me vino otra idea a la cabeza. Llegó el siguiente día, y no sabéis que ganas tenía de poder poner en práctica mi idea. Cogí el periódico del día anterior que estaba en la basura, y se lo llevé a la puerta. Ella, me dejó entrar y "sin querer" tiré toda la bañera al suelo. De repente, mientras que ella lo recogía, llegó el repartidor de periódicos y ella, fué a recogerlo. Mientras que ella estaba de camino, yo aprobeché para cerrar la puerta de la terraza.
Llegó el momento, el momento tan esperado para mi... El pedazo plato de filetes con huevos fritos y yo, a solas, frente a frente... ¡Era mi momento! Fuí corriendo a donde ella y mientras mi dueña me miraba, me comí el plato entero en dos bocados. ¡Estaba para chuparse los dedos! Pero... ¡Yo creo que mi dueña no me va a dejar entrar en casa en mi vida!
Leire Garai, 3.C
Koldo Mitxelena